Empecemos este 2016 con este relato que alimenta
nuestra fe en el Señor
EL ERMITAÑO
El ermitaño en oración, oyó claramente
la voz de Dios. Le invitaba a acudir a un encuentro especial con El. La cita era para el atardecer del día siguiente, en
la cima de una montaña lejana.
Temprano se puso en camino; necesitaba
toda la jornada para llegar al monte y escalarlo; ante todo, quería llegar
puntual a la importante entrevista.
Atravesando un valle, se encontró a
varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado
en el bosque cercano, y que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de
los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió
la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía
llegar tarde a la invitación y, menos aún, faltar a ella. Así que con una
oración para que el Señor les socorriera, apresuró el paso, ya que había de dar
un rodeo a causa del fuego.
Tras ardua ascensión, llegó a la
cima de la montaña, jadeante por la
fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso; llegaba puntual, por lo que dio
gracias al cielo en su corazón.
Anhelante esperó, mirando en todas
direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió visible
sobre una roca, algo escrito. Leyó: “Discúlpame estoy ocupado ayudando a los
que sofocan el incendio”. Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios.
Piensa y
responde: ¿Qué mensaje nos transmite esta historia?

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